Descubro la verdad de mi jefa - Novelas Completas

Descubro la verdad de mi jefa

Mi jefa me despidió frente a toda la oficina por «llegar tarde», pero cuando fui a recoger mis cosas, encontré un sobre con mi nombre en la trituradora que lo cambiaba todo.

No era una carta de despido. Era un contrato de seguro de vida a mi nombre, firmado por ella hace tres días, donde ella era la única beneficiaria en caso de mi «desaparición accidental».

Salí del edificio sin decir una palabra, ignorando sus gritos. Mi corazón martilleaba contra mis costillas. Sabía que no podía ir a casa; ella tenía mis llaves. Mientras caminaba rápido hacia la estación, recibí un mensaje de un número desconocido: «No subas al ascensor. Ella te está viendo por las cámaras».

Me detuve en seco. Miré hacia la ventana del piso 12 y ahí estaba ella, con el teléfono en la oreja, observándome fijamente.

Decidí entrar en un café con mucha gente para ganar tiempo. Allí abrí el sobre que logré rescatar. Dentro no solo estaba el seguro. Había una foto de mi infancia que yo nunca le había mostrado a nadie. En el reverso, una fecha: el día en que mi padre desapareció hace veinte años.

Entonces comprendí que mi «despido» no fue por un error en el reloj. Fue porque ella se dio cuenta de que yo finalmente había conectado los puntos.

Mi teléfono vibró de nuevo. Era un correo electrónico automático de Recursos Humanos enviado por error. El asunto decía: «Reemplazo de identidad – Fase Final». Adjunto había un perfil de una persona que se veía exactamente igual a mí, con mi mismo nombre y mi misma historia, lista para ocupar mi lugar a partir de mañana.

Escuché que la puerta del café se abría. Era ella. Se sentó en la mesa de enfrente, me dedicó una sonrisa gélida y puso un par de llaves sobre la mesa. No eran las de mi casa. Eran las de la oficina de mi padre, la que había estado sellada por la policía durante dos décadas.

—Tienes diez minutos para decidir —susurró, acercándose lo suficiente para que solo yo la oyera—. O aceptas el ascenso y olvidas quién eres, o te conviertes en el motivo por el que cobraré ese seguro esta misma noche.

En ese momento, vi a través del cristal a un hombre bajando de un coche negro. Tenía la misma cicatriz que mi padre en la mano. Me miró, asintió levemente y señaló el sobre en mis manos. El juego de mi jefa acababa de romperse, porque ella no era la única que tenía un plan para esa noche.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *